La reflexión sobre el propio trabajo ha conducido a la autora a un nuevo ciclo creativo. Se trata de una obra mucho más racionalizada, donde se unen la espontaneidad de su capacidad observadora, presente en todo su trabajo, con una introspección mucho más elaborada.

 

 

En esta nueva etapa, trasciende esa representación  detallada que le caracteriza. Lo que antes era un ser concreto, ahora pasa a representar todo lo orgánico. Aquello que antes llamaba su atención ha pasado por el filtro de su razonamiento, para salir y ponerse en contacto con el ser humano y su relación con ese medio natural que ella tanto admira. Su sensibilidad ve ahora el enorme contraste existente entre las maravillas naturales que contempla y las terribles consecuencias de una actividad humana tan alejada del ciclo natural de la vida. 

 

 

Y es que la Naturaleza se mueve de tal forma que todo está interrelacionado. El hombre debería ser un elemento más en el ciclo  de la vida, pero su enorme capacidad para intervenir en su entorno altera el devenir natural y surje el desajuste. Ante esta situación, el medio busca restaurar su equilibrio, y de esta realidad surgen multitud de reflexiones. La tensión entre lo orgánico y lo inorgánico, la visión parcial que el hombre hace de la realidad, la inestabilidad del medio físico, la temporalidad de las cosas, son inquietudes que pasan a ser las protagonistas de las piezas.